Ecos 365 – Jericoacoara, Brasil

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Jericoacoara donde el viento junta el mar y el desierto
Jeri es, sin lugar a dudas, un destino diferente, distinto a lo que uno puede imaginar si asocia las palabras “playa” y “Brasil”. En primer lugar porque está fuera de los circuitos tradicionales aunque en los últimos años haya ganado un lugar en la oferta y los catálogos de turismo. En segundo lugar porque su paisaje no responde a lo que en nuestras “cabezas” tenemos seteado como destino de “playa” y en tercer lugar porque llegar allí es de alguna forma una pequeña aventura.
El camino a Jeri, que está asentada en el interior preciso de un parque nacional que lleva su nombre, casi siempre comienza en Fortaleza. De ahí parte un ómnibus de turismo que nos lleva en casi dos horas de viaje a la localidad de Jijoca de Jericoacoara en donde bajamos y previo pago de la tasa de ingreso al parque nos vamos acomodando con nuestras cosas en camionetas acondicionadas con asientos de madera y estructuras tubulares para llevar pasajeros dentro y equipaje en los techos. Esta todo perfectamente coordinado por lo que no hay demasiada pérdida de tiempo ni posibilidad de confusiones. La soledad del mediodía marca un vacio que solo ocupado por el sol. Pronto el camino se va transformando hasta hacerse una mezcla de tierra y arena, mientras la camioneta se va adentrando en el corazón del parque. El camino seguirá así hasta que en un momento especial se abra al desierto y convierta, lo que venía siendo un paseo entre arboles y granjas deshechas, en la profundidad de un desierto que lo cambia todo. Pequeñas lagunas de agua de lluvia salpican el lugar, enormes montañas de arena, que parecen estar quietas pero que todos sabemos que se van moviendo granito a granito. Esa hora y algo de viaje pasa rápido, la vista y los sentidos no tienen tiempo de aburrirse. En una de las últimas curvas, detrás de una duna de mediano tamaño comienzan a divisarse las palmeras y las antenas (paradojas de la modernidad) de lo que es la Villa de Jericoacoara.
En Jeri todas las calles son de arena. En Jeri el viento es parte indivisible del paisaje y podría uno pensar que el día que se apague desaparecerá el pueblo, sin embargo y extrañamente no molesta demasiado.
El pueblo en sí mismo es muy bonito, pequeñas callecitas que van y viene, negocios primorosamente decorados (tanto es así que no parecen ser parte del paisaje brasilero), restaurantes, bares, hoteles y posadas. El mar crea una bahía de mediano tamaño al borde de la cual han crecido y multiplicado enormes arboledas y a la sombra de estas, paradores, restaurantes y algunas posadas. El paisaje es un tanto decepcionante cuando enfrentamos el mar porque las mareas son muy extensas y entre altas y bajas puede haber una diferencia de hasta 100 metros en los cuales cuando el agua baja hay que caminar bastante para lograr cubrirse las rodillas al menos. El mar en si es agradable, la temperatura es buena, hay pocas olas y es cristalino dependiendo de la hora y las circunstancias. Al mismo tiempo cuando la marea se retira van quedando junto a la primera línea de playa, pequeñas lagunas donde el agua se estanca y no fluye.
La tarde es ideal para tomar un trago y para eso nada mejor que acercarse a la Rua Principal cuando cae al mar. Ahí en ese pedacito de calle se van multiplicando pequeños puestos de tragos, jugos y bebidas. Todos frescos, todos naturales, combinado con ron, vodka, cachaca o lo que uno prefiera.
Uno de los paseos que no se pueden perder es la Laguna Paraíso, una de varias lagunas entre los médanos, con importantes paradores que ofrecen calidad y servicio, aguas turquesas y las características hamacas “mojadas” que son “la” foto en Jeri. El camino hasta allí es también muy atractivo y el sistema lacustre es sorprendente. Son ideales para el kite y el windsurf por su ámbito contenido y poca profundidad.
El viento omniprescente y constante sumado al mar con pocas olas hacen que Jeri sea uno de los destinos más buscados en el mundo (si, en el mundo) para la práctica del kite y el windsurf. Las condiciones son excelentes,  pero requieren algo de conocimiento y destreza. Gente de todo el mundo navega sus aguas durante todo el año. Hay muy buenos equipos para alquilar también. De julio a enero son los mejores vientos.
Jeri es una experiencia diferente en Brasil.

Te cuento del viaje. @marcelolopezcba. argentina
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