Historias para Tomar el Mundo – Como dice la Señora


Beautiful!!!!!  me dice la señora que tengo al lado mientras se abanica con el sombrero y transpira, inevitable y copiosamente. Estamos en el museo naval del caribe, en Cartagena. Ella llego en uno de los tantos cruceros que hacen su parada en la ciudad colombiana y yo estoy perdido. Es que quise entrar rápidamente a la ciudad vieja, penetrar sus murallas centenarias y cuando vi una puerta abierta que me prometiera un poco de sombra y veloz acceso…entré. La señora insiste en inglés diciéndome que le parece hermosa la ciudad, que el calor es pesado pero que el espectáculo lo vale. Me disculpo y vuelvo a la calle pero esta vez hago 30 metros más y en la esquina del museo encuentro el camino abierto para ingresar al pasado esplendoroso de Cartagena de Indias. Me asomo a la calle San Juan de Dios, a un costado del Baluarte de San Francisco y veo que la señora tenía razón. Beautiful…hermoso, digo. Cuando avance un poco mas entre pequeñas casas restauradas, artesanos y restaurantes, cavas y negocios de ropa , jugando a mantenerme en la angostísima vereda colonial, me encontraré con la Iglesia San Pedro Craver y la plaza que la contiene; el lugar donde mueren varias calles y donde los restaurantes, el sol y la gente me dan la bienvenida a Cartagena.
Camino entonces, de San Pedro Craver a la Plaza de la Aduana. Un espacio enorme, hecho para caminarlo y tomar distancia de las perspectivas edilicias. A un costado el antiguo Edificio de Aduana recostado sobre la antigua muralla. Al final del edificio de la aduana hay un sembradío de mesas amarillas y sillas de hierro que invitan a sentarse a la sombra y ver como el tiempo no pasa. Me siento y espero poder explicarte de que se trata todo esto.
Cartagena fue fundada por Don Pedro de Heredia, el 1 de junio de 1533, con el nombre de «Cartagena de Poniente», para diferenciarla de «Cartagena de Levante», en España, ambas con bahías similares. Lo que no sabía Don Heredia era que con el tiempo este puerto se convertiría en el blanco de la codicia de invasores ingleses y franceses, y que su calidad de puerto negrero y comercial la harían muy atractiva para las potencias extranjeras De sus muelles salía buena parte del oro de América hacia España, por lo tanto su protección y defensa eran más que urgentes. Los trabajos comenzando en pleno siglo XVI con el Fuerte del Boquerón (donde hoy está el Fuerte del Pastelillo). Luego vendrían, poco a poco, las diferentes fortificaciones que rodearían a la ciudad de acuerdo a las exigencias y la evolución del arte militar en los siglos XVII y XVIII. Sin embargo esto no sería suficiente para que la ciudad arrasadoras invasiones como la del Barón de Pointis en 1697, que la dejó destruida y arruinada o los asaltos de Sir Francis Drake.
Luego de entrada Colombia en su etapa republicana la ciudad entraría en un largo período de estancamiento, debido a su pérdida de interés estratégico y comercial. Sin embargo, quizás eso, hizo que la modernidad le perdonara la vida a tamaña ciudad histórica. Es que la ciudad vieja de Cartagena es realmente extensa, al menos para la idea que llevaba conmigo y la experiencia que me dieron visitas a otras Ciudades similares, Antigua Guatemala, Paraty, en Brasil y mucho mas lejos Colonia, en Uruguay. La extensión hace que se necesite de tiempo y ganas de caminar, porque indudablemente la mejor forma de conocer Cartagena u otra ciudad cualquiera es recorriendo sus calles, sus plazas, a pie. Eso si, hay que saber soportar el calor y la humedad que nos ponen a prueba metro a metro.
Lo que me sorprende de Cartagena y su sector antiguo es la vida que tiene, más allá de que está perfectamente acondicionada para nosotros –los turistas- que en ningún momento se siente inseguridad, que la gente es extremadamente amable hasta el punto de que uno espere en algún momento sentirse decepcionado, por eso de la excepción que confirma la regla. La ciudad vive, los negocios no solo son para turistas, las oficinas públicas, los bancos, los bares, seguirían funcionando si mañana o en este preciso instante los alemanes, yanquis, argentinos, españoles, chilenos, franceses o de una nacionalidad cualquiera nos desmaterializáramos; dejando solo un recuerdo vago en los vendedores de souvenirs. La ciudad vive y no es poco.
Siguiendo las calles multicolores con las paredes de los mas diversos colores, enfrentando las plazas donde la gente espera, me rindo ante los balcones. Esos balcones… los balcones del periodo colonial español , en el caribe y en Centroamérica, son distintos a los que vemos por aquí. Por eso… los  balcones de Cartagena tienen una forma de ser, un personalidad tan española que no pueden negar su cuna. Al mismo tiempo se muestran tan bien conservados y decorados que caminar mirando hacia arriba es una tentación, que solo se puede resistir bajo la amenaza de tropezarnos en el camino.

Te cuento del viaje. @marcelolopezcba. argentina
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