Isla Grande – Brasil- parte 1




Isla Grande como su nombre lo indica es «grande», al menos comparada con las islas que uno encuentra en Angra dos Reís y en buena parte de la costa verde de Brasil. Ante tanto «tamaño» hay una proporcionalidad de lugares para conocer, pensando en eso, en este instante e intentando que sirvan estas líneas para que quien las lea y pueda poner la brújula de su vida en este destino pueda aprovecharla voy a destacar un par de cosas. No hay mas que una antojadiza y caprichosa elección, no hay mas que una sucesión de imágenes y experiencias propias que me hacen elegir estos lugares, estos momentos sobre otros…pero de que, sino de experiencias, están hechos los viajes.?

Dibujemos un paseo que salga del puerto de Angra. Tomamos el lápiz y marcamos un circulo ahí, precisamente ahí. Sacamos una línea casi recta sobre el maravilloso verde del mar que surcamos (el lápiz y la mano se tientan y quieren zambullirse, tratemos de que no lo logren porque corremos el riesgo de no seguir viaje y quedar atrapados para siempre en ese sueño liquido de agua, sol y sal). La línea pasa por un costado de la isla de Gipoia y cuando parece que va a dirigirse a Abrao (el pueblo mas importante de Isla Grande) va inclinandose a la derecha al mismo tiempo que se acerca a la costa. Nuestro destino, el primero no se ve, esta escondido, a nuestro alrededor todo es verde y azul, como transitando un hermoso terciopelo extendido al infinito. Mas allá montañas profundas con un verde perfecto. Si no supiéramos a donde vamos podríamos asegurar que no llegaremos a ningún lado, podríamos imaginarnos chocando montañas y piedras de una costa que se adivina inaccesible;sin embargo a medida que nos acercamos a la costa vamos descubriendo que allí mismo donde antes no se veía nada hay algo nuevo para disfrutar. Un pequeño giro del barco y entonces se corre el telón para uno de los lugares que mas me gusta. Lagoa Verde. Esta laguna verde es una pequeña bahía que se introduce sigilosa en la montaña con aguas relativamente profundas y tranquilas, multitudes de peces, algunas tortugas (en los días de suerte), aguas muy muy transparentes y una costa muy pequeña. Ese pedazo de costa da a lo que seria el otro lado de la isla. Podemos caminar unos pasos desde Lagoa Verde y a medida que vamos pisando otra vez la arena encontrarnos pisando el mar nuevamente. De ese lado hay olas y piedras aunque también es un buen lugar para hacer snorkel y bañarse un buen rato. Volviendo a este lado, al que nos ocupa ahora, Lagoa verde. Es un gran lugar para dejarse llevar por los movimientos pausados del mar, flotar sobre el barco y zambullirse de cabeza, subir al barco, zambullirse nuevamente, una y otra vez.
En este lugar hay una curiosidad que me gustaría destacar. Allí esta anclado el único restaurante flotante de la zona. La estructura flotante es un pentágono del tamaño de un pequeño departamento, la mitad de su superficie esta ocupada por mesas y sombrillas, donde se puede uno sentar a disfrutar de un almuerzo realmente casero. La otra mitad es la cocina y el baño, reservando un pedazo del lugar para la parrilla; gran protagonista del menú diario. Recomiendo las costillas y la picahna. De mas esta decir que comer allí, al aire libre, flotando sobre el mar transparente de Lagoa Verde es un espectáculo aparte. Yo preferí ir nadando desde la costa, pero también se puede ir con el barco o la lancha y amarra la al restaurante mismo. El dueño y mozo del lugar conoce muy bien los cortes y gustos argentinos por el asado así que se puede confiar!
Te cuento del viaje. @marcelolopezcba. argentina
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